La Orgía Perpetua



"La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua." (Gustave Flaubert)

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19/07/2005

De madrugada

De madrugada.jpgÉl a ella una madrugada cualquiera:

“Quisiera ser correo de orgasmos y estremecimientos y no de ronquidos y pedos”.

Acto seguido, él se viste y se marcha. Ella duerme a pierna suelta. Nunca volverán a verse.
19/07/2005 15:32 Enlace permanente. Tema: Historias

20/06/2005

La compañía

La compania.jpgLa noche que compré la compañía de Audrey sentí la tranquilidad del corredor de apuestas con olfato: nada más verla, supe que partía de la línea de salida con caballo ganador.

El anhelado ascenso llegaba al cabo de ocho años. El 13 de febrero, mis superiores daban una cena para celebrarlo, y Marta no estaría a mi lado.

Dos meses después de mi divorcio, mi ex mujer no me dirigía la palabra ni por teléfono. Me hacía llegar su resquemor a través de su abogado y, si quería comunicarme con mis hijos, tenía que usar intermediarios.

La noche de la cena, siguiendo los consejos de uno de los creativos de la agencia (“No aparezcas solo, lleva una chica guapa. No es bueno inspirar compasión”) aparecí en el restaurante con pareja. La velada fue un éxito: nadie preguntó por Marta ni hizo comparaciones odiosas entre mi nueva conquista y ella.

Audrey estuvo impecable. A diferencia de las cacatúas que flanqueaban al resto de invitados, ella no hablaba si no se le dirigía la palabra, sonreía sin llegar a una risa grosera, cuando su interlocutor le comentaba algo que se suponía interesante, mostraba interés con un leve enarcamiento de su ceja izquierda. Si, por el contrario, las palabras escuchadas eran merecedoras de pasar a mejor gloria, Audrey se limitaba a dar un sorbo a su copa. En caso de que se le dedicase algún halago, entrecerraba los párpados, como si dijese: "Muchas gracias, caballero, pero no es para tanto".

La fiesta terminó a las seis de la mañana, después de que nos echaran con muy buenos modos del casino adonde nos dirigimos al salir del restaurante.

Audrey no me permitió que la acompañase a casa en mi coche: "Lo siento, son las normas". Cuando se alejó, dentro del taxi, supe que no volvería a verla.

Uno sabe si verá de nuevo a la mujer a la que entrega a un taxi porque, en caso afirmativo, se girará para decir adiós con la mano a través del parabrisas trasero. Evidentemente, mi chica de alquiler no se volvió.

Desde aquella noche, el recuerdo de Audrey vive pegado a mi mente como un chicle a la suela de un zapato en un tórrido agosto. Por más que la restriego con la acera, sigue quedando un rastro rosa y pegajoso.
20/06/2005 16:36 Enlace permanente. Tema: Historias

26/05/2005

Pueblo pálido

Pueblo palido.JPGTodo un pueblo pálido al fondo de los manicomios se agita, indisolublemente, junto al fulgor de otra mañana.

La niña llora por su madre, piensa que no volverá a verla, metida en esa cárcel blanca con barrotes de cristal.

El niño juega con un trompo, lo lanza, gira y gira igual que las ideas absurdas ruedan por la mente. Él también es huérfano, pero le da igual. Posee la fortaleza que le han comunicado propia de su sexo.

El abuelo ya no llora. Sus lagrimales se han secado. Demasiada guerra, demasiada hambre, demasiados hijos muertos. Después de enterrar a un hijo no quedan razones para entonar ningún llanto.

El padre sufre de hastío, harto de preguntas, de miradas indiscretas. ¿Por qué la demencia ajena le impide seguir con su vida? Él necesita a su amante, esa mujer sin nombre que, como por ensalmo, aparece de noche en su cama, dispuesta a darle calor a cambio de no sabe qué, pues no puede ofrecer nada.

El perro ladra y ladra. Se pone rabioso cuando llaman a la puerta. Es un chucho callejero al que nadie en su sano juicio fabricaría un hogar de madera en el jardín.

Llueve, llueve, llueve. La ciudad parece víctima del llanto de un dios agorero. ¿Qué demonios pasa? ¿Dónde están los dementes? ¿Quiénes son ellos? ¿Los de fuera? ¿Los de dentro?

Locura, cordura, cielo, tierra, guerra, paz, perdón, amor, compasión, silencio, desespero, sangre, sal, pan, tristeza, corazón, razón, orgullo, piedad, orates, vates, versos imposibles arrancados a la fuerza.

Grita y grita. Dice que no está loca, que su padre la odia, que su marido la maltrata, que su hija es una puta y su hijo un cabrón, que solamente el perro sabrá echarla de menos.

Llega el celador con la bandeja oxidada: pollo asado requemado, puré de patatas, flan.
26/05/2005 00:24 Enlace permanente. Tema: Historias

16/05/2005

Muñequita Linda

Munequita Linda.JPGMala Persona llegó a casa a las 21:35. Muñequita Linda llevaba dos horas esperándolo. Iban a celebrar su primer aniversario de pareja extraoficial.

Durante ese tiempo, Muñequita Linda se dedicó a darse otra capa de rojo en las uñas de los pies y de las manos, cambiarse siete veces de vestido y ropa interior a juego, fumarse trece cigarrillos, tomarse tres gin&tonics, encender el televisor veintinueve veces y apagarlo veintiocho, pasar por el excusado en diez ocasiones, realizar cuatro llamadas telefónicas y recibir dos, escribir y hacer pedazos cinco borradores de amor-mío-esto-se-acabó-yo-no-puedo-seguir-así, lanzar quince maldiciones contra Mala Persona y treinta contra la mujer de éste, y redactar una carta de ruptura inaplazable.

Cuando Mala Persona entró en su segundo hogar con una sonrisa cortándole el rostro, un ramo de narcisos en la mano izquierda y un nena estás preciosa en el abismo de los labios, Muñequita Linda arrugó dentro de uno de sus puños la misiva elaborada en el último minuto, se abalanzó sobre su cuello, le dijo que era un chico malo, y lo condujo a empujones hacia la habitación.
16/05/2005 22:39 Enlace permanente. Tema: Historias

04/05/2005

La terminal nº 2

La terminal numero 2.JPGLa mujer echó en la cesta tres velas y una lata de comida para gatos.
La cajera de la terminal nº 2 tenía los ojos llorosos.
La mujer llegó a la caja y puso sus artículos sobre la cinta transportadora.
La cajera le comunicó el total de la compra realizada sin mirarla.
La mujer sacó una flor del bolsillo de su abrigo para efectuar el pago.
La cajera le dijo a la mujer que en esa superficie sólo se admitía moneda de curso legal.
La mujer metió la mano en el otro bolsillo del abrigo y sacó una estrella de mar.
La cajera informó a la mujer de que no tenía cambio para dicho importe.
La mujer desabotonó su mochila multicolor de macramé y sacó un frasco que contenía todas las carcajadas de una tarde de circo.
La cajera aceptó el pagaré y entregó a la mujer una sonrisa junto con su ticket.
La terminal nº 2 no cuadró ese día.
04/05/2005 16:16 Enlace permanente. Tema: Historias

23/04/2005

Nudillos asesinos

Nudillos asesinos.jpgSor Mª Antonia daba unos capones que cortaban la respiración. Al segundo de haber cometido faltas tan graves como hablar con la compañera de pupitre a deshora, reírte como la niña que eras, o emitir una opinión inconveniente, los afilados nudillos de la monja te abollaban el chasis de la cabeza. Nunca le conté a mi madre que la tutora de 6ºB pegaba a sus alumnas, y mucho menos que yo era uno de sus blancos preferidos. Me daba tanta vergüenza contar semejante afrenta que jamás la referí. Tras aplicar su correctivo, la monja, invariablemente, justificaba su actuación: “Es que, chica, paeces boba”. Luego cruzaba los brazos y escondía el puño justiciero bajo la manga contraria del hábito.

A finales del segundo trimestre, en clase de matemáticas, Sor Carmen nos comunicó que, por motivos personales, Sor Mª Antonia había regresado a su ciudad natal y que, a partir de ese momento, ella sería nuestra nueva tutora.

Una semana antes de las vacaciones de verano, la directora del centro nos convocó en la capilla. Allí nos informó de que Sor Mª Antonia había muerto a causa de una horrible enfermedad y nos pidió una oración por su alma. Algunas niñas dijeron que se sentían muy tristes, que les daba mucha pena lo ocurrido. Yo no dije nada, sólo me alegré del fin de los nudillos asesinos.
23/04/2005 02:30 Enlace permanente. Tema: Historias

15/04/2005

Blanco y negro

Blanco y negro.jpgDelante de un par de cervezas, el chico de la exposición me dijo que estaba hecha en blanco y negro, como la poesía y los sueños, como todo lo intangible: “La vida y sus miserias transcurren en color. Tú pareces una actriz de cine mudo”.

Respondí a aquellos halagos sonriendo y sonrojándome. Luego, antes de despedirnos, me anotó la dirección de su estudio fotográfico: “Me encantaría hacerte un retrato”. Quedamos en que me pasaría por allí a la mañana siguiente, pero nunca aparecí.

Poco después dejé a mi novio. De eso hace siete años y no he vuelto a tener otro. Los hombres con los que me he tropezado desde entonces sólo han sido capaces de verme en tecnicolor.

(Para JLC, por haberme visto en blanco y negro)
15/04/2005 16:48 Enlace permanente. Tema: Historias

09/04/2005

Cola de cine

Cola de cine.jpgTarde de domingo. Cola de cine kilométrica. Sólo quedan entradas para la sesión nocturna. Unos cuantos abandonan la fila. El resto, conforme pasa por taquilla, se va metiendo en los cafés próximos a la sala: falta más de hora y media para que empiece la película.

Cada dos minutos, un adolescente que sostiene en su mano izquierda una rosa roja abandona la hilera para pasar revista a los integrantes de la misma. Es alto y desgarbado. Bajo un abrigo gris de paño, viste camisa a cuadros y pantalones de pana. Sus zapatos de cordones tienen un color indefinible. La mencionada rosa lo convierte en blanco de jocosidades.

Después de tres cuartos de hora de idas y venidas fijándose en cada chica, al fin le llega el turno y adquiere un par de entradas. Sentado en los escalones de una plaza próxima al cine, se saca del bolsillo interior del abrigo un ejemplar desgastado de las tragedias de Shakespeare.

La fila se ha disuelto. La última sesión ha comenzado. El chico no entra en la sala. Coloca las entradas entre las páginas del libro. Luego, con la mirada algo empequeñecida, lo cierra y lo devuelve al bolsillo. Camino del metro, arroja la flor a una papelera.
09/04/2005 22:33 Enlace permanente. Tema: Historias

06/04/2005

Plug&Play

Plug&Play.jpg“Plug&Play, Plug&Play, Plug&Play”. Mi mente andaba entretenida en entonar semejante cantinela cuando Juan me preguntó en qué estaba pensando. Primero le respondí que en nada, pero ante su insistencia le dije la verdad:

–Plug&Play, Plug&Play, Plug&Play.
–¿Enchufa y juega?
–Es lo que pone en la caja.

Entonces, el dedo índice de mi mano izquierda señaló el embalaje del televisor de plasma que esa misma tarde el servicio de entrega de unos grandes almacenes había dejado en su casa.

En nuestras últimas discusiones había aprendido a concentrar toda mi atención en cualquier punto del lugar donde nos encontrásemos para abstraerme de una realidad más que crispada. Por el momento ese método lograba hacerme inmune a sus reproches.
06/04/2005 00:22 Enlace permanente. Tema: Historias

04/04/2005

Un beso en la frente

Un beso en la frente.jpgEva reparte faxes con la cara lavada, recoge su melena en una cola de caballo y viste de vaquero y camiseta de algodón. Eva se perfuma con colonia de bebé que despierta los instintos paternales y, por las mañanas, aparece en la oficina envuelta en un halo de talco, abeja reina del panal de ese reducido enjambre de muchachas que, a cualquier hora del día, parecen recién duchadas.

Llevo cinco meses y dos semanas y media soñando con Eva Millán, conciliando el sueño a base de contar las pecas de sus hombros en lugar de corderitos, cayendo una vez tras otra en el pozo de unos ojos que se achican de manera inteligente cuando reflexionan. A lo largo de este tiempo, el canto de sirena de su voz se ha convertido en el hilo musical de mi existencia.

Y todo desde que el diciembre pasado, en la barra del antro al que algunos compañeros acudimos tras la cena de Navidad de la empresa, me eché a llorar como un niño por ignoro qué tragedia de borracho. Entonces, antes de que pudiera darme cuenta, Eva, sentada a mi lado hasta ese instante, se puso de pie para, a continuación, inclinarse sobre mí y darme un beso en la frente. Ninguna otra mujer que no fuera mi madre me había besado jamás de una forma parecida.

A partir de aquella noche, en mi muñeca se ajusta un reloj de manecillas clavadas en las 00:43, la hora a la que Eva me hizo adicto a su persona y devoto de unos besos diferentes.
04/04/2005 16:38 Enlace permanente. Tema: Historias

30/03/2005

La última vez

La_ultima_vez.jpgLa última vez que hablé con Mario gasté una indignidad idéntica a la derrochada durante el par de meses que duró nuestra relación, cuando él tenía a bien calmar sus inseguridades retando mi paciencia, poniendo plazo al tiempo que estaría dispuesta a malgastar a su lado, asegurando quererme, que no amarme, como si ambos verbos fuesen hemisferios enfrentados de un mismo continente.

En esas ocasiones, yo sólo lo abrazaba y le pedía que se callara, y él me recomendaba que no me ilusionase, que fuese un poco práctica, que pisara el sucio suelo que nos sostenía calzada con los chapines de la realidad.

La última vez que hablamos fue el día que lo telefoneé para felicitarlo por su cumpleaños. El mío había sido nueve días antes, pero él no me llamó. En realidad mentiría si dijera que esperaba que lo hiciese.

Después de desearle toda la dicha posible en fecha tan señalada, me apresuré a agradecerle su generosidad al descolgarme, su magnanimidad al atenderme, su nobleza al apiadarse de mi desesperación por cruzar con él unas palabras. Luego me disculpé, por si lo había importunado, y él no emitió palabra alguna para intentar apaciguar el desasosiego ajeno.

Sus hondos silencios, salpicados de forzadas fórmulas de cortesía, dejaban escuchar un rumor de fondo propio de los días de festejo. A diferencia de mí nueve días atrás, él sí había convocado el ánimo preciso para celebraciones.

Tras advertir cómo una voz femenina llamaba al homenajeado mi amor y le pedía que colgase, le dije a Mario hasta luego, sabedora de que al fin le estaba diciendo hasta siempre.
30/03/2005 13:42 Enlace permanente. Tema: Historias

27/03/2005

Sala de espera

salas de espera.jpg24 de diciembre. Diez y media de la noche. Blanco de hospital, de batas viejas, de rostros indolentes, de desinfección. Nunca blanco Navidad, blanco de nieve. Al sur del corazón no nieva nunca.

Urgencias. Sala de espera. Ella llega escoltada: una mujer y un hombre la llevan en volandas. El tono de su rostro va a juego con la fecha. Su mirada, enfebrecida, no se despega del suelo. No aparenta más de veinte, pero quizá tenga treinta: la indefensión rejuvenece.

Un médico se asoma con unos papeles en la mano, los hojea, pronuncia un nombre. La muchacha se remueve en el asiento. El hombre y la mujer se levantan, la levantan. Algunos de los allí presentes se quejan: todos llevan más tiempo esperando que los convocados. El doctor elude las protestas y acompaña a esas personas hasta la consulta. La puerta se cierra tras de sí.
27/03/2005 19:34 Enlace permanente. Tema: Historias


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