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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.
04/05/2005
 La mujer echó en la cesta tres velas y una lata de comida para gatos. La cajera de la terminal nº 2 tenía los ojos llorosos. La mujer llegó a la caja y puso sus artículos sobre la cinta transportadora. La cajera le comunicó el total de la compra realizada sin mirarla. La mujer sacó una flor del bolsillo de su abrigo para efectuar el pago. La cajera le dijo a la mujer que en esa superficie sólo se admitía moneda de curso legal. La mujer metió la mano en el otro bolsillo del abrigo y sacó una estrella de mar. La cajera informó a la mujer de que no tenía cambio para dicho importe. La mujer desabotonó su mochila multicolor de macramé y sacó un frasco que contenía todas las carcajadas de una tarde de circo. La cajera aceptó el pagaré y entregó a la mujer una sonrisa junto con su ticket. La terminal nº 2 no cuadró ese día.
07/05/2005
 Transcripción: A LA ATENCION DE LOS CACOS EN LOS CAJONES, NO HAY NADA DE VALOR LO UNICO QUE VAS HACER ES DESTROZAR EL CAJON. A Y LAS CAMARAS OSER VAN Y VEN. GRACIAS Nota intimidatoria pegada en el primer cajón de la portería de mi edificio. Pese a la ausencia de firma, su signataria no puede ser otra que la inefable Mari, portera del inmueble. En este preciso instante queda inaugurada la sección 13 Rue del Percebe. Por cierto, insto al avezado lector a que imagine las cámaras de última generación que, al parecer, oser van al personal.
10/05/2005
 Si mañana, cuando me despierte, el futuro me sigue pareciendo más negro que la Coca-Cola que me estoy tomando, pienso colgarme el cartel de Cerrado por ausencia de moral.
13/05/2005
 ¿Te marchas ya, vaquero? ¿No te parezco un buen premio? Te aseguro que soy fácil de ganar. Dispárame justo en el centro. Si aciertas conseguirás mis piernas enredadera trepando por tu cuello. Concéntrate y párteme en dos. No vayas a sufrir por mí: ni siento ni padezco. ¿Piensas que eres el primero? Uno parecido a ti me dibujó la diana. Pero ahora ésta es mi feria, y me pongo a tiro yo. Vuelve, vaquero, y apunta. No dejes que te tiemble el pulso. Los tacones de mis botas te darán la redención.
16/05/2005
 Mala Persona llegó a casa a las 21:35. Muñequita Linda llevaba dos horas esperándolo. Iban a celebrar su primer aniversario de pareja extraoficial. Durante ese tiempo, Muñequita Linda se dedicó a darse otra capa de rojo en las uñas de los pies y de las manos, cambiarse siete veces de vestido y ropa interior a juego, fumarse trece cigarrillos, tomarse tres gin&tonics, encender el televisor veintinueve veces y apagarlo veintiocho, pasar por el excusado en diez ocasiones, realizar cuatro llamadas telefónicas y recibir dos, escribir y hacer pedazos cinco borradores de amor-mío-esto-se-acabó-yo-no-puedo-seguir-así, lanzar quince maldiciones contra Mala Persona y treinta contra la mujer de éste, y redactar una carta de ruptura inaplazable. Cuando Mala Persona entró en su segundo hogar con una sonrisa cortándole el rostro, un ramo de narcisos en la mano izquierda y un nena estás preciosa en el abismo de los labios, Muñequita Linda arrugó dentro de uno de sus puños la misiva elaborada en el último minuto, se abalanzó sobre su cuello, le dijo que era un chico malo, y lo condujo a empujones hacia la habitación.
22/05/2005
 Uno siempre busca aquello que desea encontrar, pero como casi nunca encuentra lo buscado trata de modificar la condición de lo obtenido en su defecto.
26/05/2005
 Todo un pueblo pálido al fondo de los manicomios se agita, indisolublemente, junto al fulgor de otra mañana. La niña llora por su madre, piensa que no volverá a verla, metida en esa cárcel blanca con barrotes de cristal. El niño juega con un trompo, lo lanza, gira y gira igual que las ideas absurdas ruedan por la mente. Él también es huérfano, pero le da igual. Posee la fortaleza que le han comunicado propia de su sexo. El abuelo ya no llora. Sus lagrimales se han secado. Demasiada guerra, demasiada hambre, demasiados hijos muertos. Después de enterrar a un hijo no quedan razones para entonar ningún llanto. El padre sufre de hastío, harto de preguntas, de miradas indiscretas. ¿Por qué la demencia ajena le impide seguir con su vida? Él necesita a su amante, esa mujer sin nombre que, como por ensalmo, aparece de noche en su cama, dispuesta a darle calor a cambio de no sabe qué, pues no puede ofrecer nada. El perro ladra y ladra. Se pone rabioso cuando llaman a la puerta. Es un chucho callejero al que nadie en su sano juicio fabricaría un hogar de madera en el jardín. Llueve, llueve, llueve. La ciudad parece víctima del llanto de un dios agorero. ¿Qué demonios pasa? ¿Dónde están los dementes? ¿Quiénes son ellos? ¿Los de fuera? ¿Los de dentro? Locura, cordura, cielo, tierra, guerra, paz, perdón, amor, compasión, silencio, desespero, sangre, sal, pan, tristeza, corazón, razón, orgullo, piedad, orates, vates, versos imposibles arrancados a la fuerza. Grita y grita. Dice que no está loca, que su padre la odia, que su marido la maltrata, que su hija es una puta y su hijo un cabrón, que solamente el perro sabrá echarla de menos. Llega el celador con la bandeja oxidada: pollo asado requemado, puré de patatas, flan.
29/05/2005
 Tengo vecinos nuevos, una pareja compuesta por un sevillano y un habanero amos de una perra llamada Lolafló. Los he conocido porque Jacinto, el sevillano, ha tocado mi puerta esta mañana para preguntarme si ayer por la tarde escuché ruidos extraños en su piso. He lamentado no poder serle de ayuda. Tengo la mala costumbre de no prestar atención a los sonidos emitidos extramuros de mi dulce hogar a veces. Además, desde que viven aquí, todo estruendo vecinal queda amortiguado por los cantos de su folclórico chucho. Jacinto me ha contado que ayer entraron en su piso y les robaron un ordenador que aún no han empezado a pagar él y su novio. Luego, sin saber cómo ni por qué, en cuestión de segundos, me he visto arrastrada hasta la escena del crimen. Ha sido entonces cuando he conocido a Sartre, el cubano, que me ha dedicado un hola con cara de pocos amigos y ha reñido a su pareja por invitarme a pasar: “¿No ves como está todo?”. Supongo que con “todo” se refería a las mierdas de perro que flotaban a modo de islas fétidas en la inmensidad de unas meadas de lo más turbias. Tras sortear un sendero de baldosas enfangadas, hemos llegado hasta una mesa de trabajo con una capa de polvo de dos dedos de grosor y un solo espacio impoluto, el que en su momento debió de ocupar el monitor del añorado PC. ¿Acaso tengo careto de investigador privado? Camino de la puerta, Jacinto ha andado más rápido que yo y, antes de que mandara mi maldita educación a hacer puñetas para escapar de aquel lugar con una arcada a flor de boca, me ha plantado en la mano un vaso de medio litro lleno de Coca-Cola light. Después de eso no me ha quedado más remedio que sentarme a escuchar, alucinada, la sarta de memeces narradas por el sevillano mientras Lolafló me potreaba y Sartre asentía todo el rato con rostro imperturbable. Cuando mi mente trataba de evadirse de tanta perversión con el sencillo mantra: ARGHOB VYADESA HIDHAMI, o lo que es lo mismo, “no hay dolor, no hay dolor, no hay dolor”, he visto una rata blanca tamaño XXL cruzando la sala de estar. “Es un hurón”, han respondido a mi estridente: “Pero ¿tenéis otro bicho?”. “Por eso huele tan raro, es que hay que operarlo para quitarle yo no sé qué glándulas”, me ha aclarado el cubano, que porque él lo dice, pero su acento no es de La Habana ni de ningún otro rincón de este planeta. Habla como Faemino, el compañero de Cansado, de ahí que, más que pensar que es extranjero, lo primero que se te pasa por la mente al escuchar el tonito de su voz y sus sagaces reflexiones es que vino al mundo con el cordón umbilical por corbata. Dos horas después, en casa, liberada de un confinamiento supuestamente amistoso, he considerado que a los nuevos inquilinos del apartamento 666 no les han robado nada y que se han inventado la historia del hurto para secuestrarme y torturarme con sus marranadas y sus estupideces sin levantar sospecha alguna de su condición de nuevos plomos en la comunidad.
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