
¡Uf!, llego demasiado tarde para darte las buenas noches, chiquitín. Lo siento. Así que te doy los buenos días. Acuérdate de mí cuando te metas en la ducha, y cuando desayunes, y cuando te asalte la sonrisa de la camarera, y cuando tomes el metro, y cuando estés en la oficina, y cuando leas este email, y cuando vayas a comer, y cuando los mensajes de tu ex colapsen tu buzón de voz, y cuando la secretaria te ronronee inútilmente, y cuando te amodorres a la hora de la siesta, y cuando imagines la portada de mi libro, y cuando conozcas al nuevo cliente, y cuando te tomes una caña con los compañeros, y cuando regreses a casa, y cuando te metas en la cama, y cuando abraces la almohada, y cuando sueñes conmigo, y cuando te despiertes y vuelvas a la ducha, y al desayuno, y al metro...
Buenos días, dulce niño,
Ella