La Orgía Perpetua



"La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua." (Gustave Flaubert)

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Las chicas

Las chicas.jpgJulio tiene siete años y se pasa el día preguntándole a su madre cosas acerca de las niñas. Ayer los visité, y no paró de bombardearnos con un formulario de cuestiones acerca del otro sexo. Mientras lo observaba, pensé que, si sigue así, en un futuro todavía muy lejano, Julio probablemente hará feliz a la mujer que elija (o que lo elija), pues se habrá esforzado en entenderla. Nada más llegar a casa, me fui directa a la estantería del salón, cogí un libro de sobra conocido y releí el siguiente fragmento:

“Supimos de los cielos estrellados que las niñas habían contemplado años atrás, cierta vez que acamparon, y del aburrimiento de los veranos yendo de aquí para allá, del patio trasero al delantero y nuevamente al trasero, y supimos también de un olor indefinible que salía de los inodoros en las noches de lluvia y al que las niñas daban el nombre de cloaqueo. Supimos qué se siente al ver a un muchacho con el pecho desnudo, una sensación que indujo a Lux a llenar con el nombre Kevin, escrito con rotulador Magic Marker de color púrpura, su libreta de tres anillas e incluso el sostén y las bragas, y por esto comprendimos que se pusiera como una furia el día que llegó a casa y se encontró con que la señora Lisbon había puesto sus cosas en remojo con Clorox a fin de hacer desaparecer todos aquellos Kevins. Supimos de la rabia que da que el viento de invierno te levante la falda y que las rodillas acaban doliéndote a fuerza de mantenerlas apretadas en clase y de lo fastidioso y cargante que resulta tener que saltar a la comba cuando los chicos juegan a béisbol. Nunca llegamos a entender por qué a las chicas les preocupaba tanto hacerse mayores ni por qué se sentían obligadas a dedicarse cumplidos, pero a veces, cuando uno de nosotros había leído en voz alta una larga parte del diario*, debíamos reprimir la necesidad de echarnos los unos en los brazos de los otros o de decirnos que estábamos guapísimos. Supimos de esa cárcel que es ser chica, de los impulsos y sueños que genera y por qué acaban sabiendo qué colores combinan y cuáles no. Supimos que las chicas eran gemelas nuestras, que todos existíamos en el espacio como animales con idéntica piel y que si ellas lo sabían todo de nosotros, nosotros en cambio no podíamos sacar nada en claro de ellas. Supimos, finalmente, que las hermanas Lisbon eran en realidad mujeres disfrazadas de niñas, que sabían del amor e incluso de la muerte y que nuestra función se reducía simplemente a emitir una especie de ruido que parecía fascinarlas.”

Las vírgenes suicidas (1994), Jeffrey Eugenides.




*En menos de año y medio, las cinco hermanas Lisbon, adolescentes entre trece y diecisiete años, se suicidaron. Los chicos del barrio, fascinados por esas lolitas en flor, intentan desentrañar, veinte años después de lo ocurrido, el enigma de aquellas jóvenes a partir de distintas fuentes. Una de ellas es el contenido del diario de Celicia, la menor y la primera en despegar de la tierra.
22/06/2005 17:27 Enlace permanente. Tema: Ella y yo.


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