
¿Te marchas ya, vaquero?
¿No te parezco un buen premio?
Te aseguro que soy fácil de ganar.
Dispárame justo en el centro.
Si aciertas conseguirás mis piernas enredadera trepando por tu cuello.
Concéntrate y párteme en dos.
No vayas a sufrir por mí: ni siento ni padezco.
¿Piensas que eres el primero?
Uno parecido a ti me dibujó la diana.
Pero ahora ésta es mi feria, y me pongo a tiro yo.
Vuelve, vaquero, y apunta.
No dejes que te tiemble el pulso.
Los tacones de mis botas te darán la redención.