
En este atardecer de arañas trepándome por la garganta, busco tu sombra.
Ya no se proyecta en las paredes de mi corazón, sucias de graffitis dibujados con los dedos del olvido.
Como a la inocencia lacerada de la virgen que un día fui, te busco, pero mi peregrinar sólo me conduce a mí, sombra chinesca del ahorcado sobre la pantalla de tu espalda.