
Déjame abrazarte y miénteme. Engáñame al contarme que cuando mamá fue a darme a luz sintió que entre las piernas se le escapaba una estrella, que cuando papá me vio la cara sembró el camino a casa con tréboles de la suerte, que la niña de las botas altas y la nariz respingona que hoy huele a amanecer sangriento siempre fue la reina del patio del colegio.