
“Plug&Play, Plug&Play, Plug&Play”. Mi mente andaba entretenida en entonar semejante cantinela cuando Juan me preguntó en qué estaba pensando. Primero le respondí que en nada, pero ante su insistencia le dije la verdad:
–Plug&Play, Plug&Play, Plug&Play.
–¿Enchufa y juega?
–Es lo que pone en la caja.
Entonces, el dedo índice de mi mano izquierda señaló el embalaje del televisor de plasma que esa misma tarde el servicio de entrega de unos grandes almacenes había dejado en su casa.
En nuestras últimas discusiones había aprendido a concentrar toda mi atención en cualquier punto del lugar donde nos encontrásemos para abstraerme de una realidad más que crispada. Por el momento ese método lograba hacerme inmune a sus reproches.