La Orgía Perpetua



"La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua." (Gustave Flaubert)

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Una pesadilla

Una pesadilla.jpgAnoche tuve una pesadilla. Lestat, el vampiro encarnado por Tom Cruise en una película infame, me perseguía. Fuese donde fuese, allí estaba el ex de Pe. Me desperté cuando estaba a punto de recibir la dentellada de la muerte, o tal vez de la inmortalidad, que es una muerte aún peor si cabe, porque no morirse nunca debe de ser cansadísimo. Me pregunto si a mí Lestat me habría matado o, por el contrario, me habría concedido el don eterno. Yo creo que lo primero, porque una de las pocas conclusiones que saqué de "Entrevista con el vampiro" es que Lestat era gay, así que para qué iba a querer él mi intemporal compañía. Sin ninguna duda, yo le habría suplicado una muerte súbita. Cualquiera aguanta a ese creído por los siglos de los siglos.

Pues bien, justo cuando Cruise teñido de rubio canario me iba a plantar el beso de la despedida, me caí del mundo onírico al de la realidad. Entonces, con el corazón más alterado que un niño el 6 de enero, advertí que, al igual que el dinosaurio de Monterroso, la pesadilla estaba allí, y no era otra cosa que un vacío en el lado izquierdo de mi cama.

No me atrevía a abrir los ojos, así que encendí la luz, me saqué los tapones de los oídos y puse la radio. Sólo en ese instante pude despegar los párpados.

Ante la certeza de esa cama inmensa sin un cuerpo a mi lado al que solicitar algo de solidaridad para con mi angustia, presté atención al aparato. Una voz masculina relataba la costumbre que tiene la familia Bush en estas fechas de indultar un huevo de Pascua. Ignoro si por la modorra del momento o por el shock postpesadilla, la noticia no me sorprendió: en Navidad ya vi a "Mister President" encomendando a su perrito Barney la audaz misión de decorar el abeto de la Casablanca. Lo raro habría sido escuchar que el cristiano clan había desatado las correas de un preso en la silla eléctrica. Después de un rato, me di cuenta de que se trataba de un programa de humor, pero eso no me hizo respirar de alivio.

Pasada media hora apagué la radio, volví a ponerme los tapones y prescindí de la luz. Aunque a esas alturas ya había dejado de temblar, no me levanté ni para ir al baño ni para beber agua. Nada me aseguraba que debajo de la cama o detrás de la puerta no acechase Cruise.
29/03/2005 18:58 Enlace permanente. Tema: Ella y yo.


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