
Hoy quiero ser como el resto, mirar al cielo y persignarme. Tras la señal de la cruz siempre viene una plegaria y el rezo de un rosario hecho de culpas, no de cuentas.
Hoy quiero ser redimida por un cura con vaqueros que me dirá en un susurro: “Hija mía, ego te absolvo”, mientras me mira el escote detrás de su trinchera.
Hoy quiero ser muy devota, entrar en tu santa iglesia, dejarme caer de rodillas delante de tu imagen y entonar un padrenuestro lleno de procacidades.
Hoy quiero ser penitente, sembrar en mis zapatos de tacón vertiginoso esquirlas de cristal y marchar en procesión tras el cristo de tu infamia.